Felipe Calderón desató polémica al señalar al exembajador de EE.UU., Ken Salazar, por no reaccionar ante la reforma judicial que estableció la elección popular de jueces y ministros. Según el expresidente, la Suprema Corte dejó de ser contrapeso y hoy está dominada por perfiles ligados a Morena, algunos sin experiencia o con antecedentes polémicos. Recordó que Salazar había advertido del riesgo para la democracia y el T-MEC, pero luego guardó silencio. Desde Palacio Nacional, Claudia Sheinbaum respondió con dureza: lo acusó de “espurio” y “entreguista” por buscar intervención extranjera, recordando el cuestionado triunfo electoral de 2006. La reforma, avalada por mayoría legislativa, sigue dividiendo posturas: mientras Calderón la ve como el fin de la autonomía judicial, el gobierno la defiende como una medida democrática. El choque entre ambos exalta nuevamente la tensión política en torno al rumbo institucional de México.
















