Lo ocurrido tras el Gallo Universitario en Villahermosa dejó en evidencia serias fallas en la organización y control de un evento que, en teoría, representa valores académicos y tradición. En los alrededores del Parque Juárez, sobre la avenida Francisco I. Madero, se registraron empujones, peleas y consumo de alcohol entre estudiantes, situaciones que generaron preocupación entre ciudadanos y asistentes.
Este tipo de incidentes no solo reflejan conductas individuales, sino también la falta de medidas preventivas y de supervisión en una actividad multitudinaria. La ausencia de control visible permitió que la celebración derivara en desorden, afectando tanto a la comunidad universitaria como a terceros que transitaban por la zona.
En este contexto, surge cuestionamiento hacia la rectoría encabezada por Guillermo Narváez Osorio, responsable de la máxima casa de estudios de Tabasco, la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco. La falta de un posicionamiento firme tras los hechos y la percepción de una organización rebasada generan dudas sobre la planeación y el control institucional en este tipo de eventos.
Aunque el Gallo Universitario es una tradición arraigada, lo sucedido demuestra la necesidad urgente de replantear su logística. La implementación de protocolos más estrictos, regulación del consumo de alcohol y mayor presencia de seguridad son medidas clave para evitar que estas celebraciones se conviertan en escenarios de riesgo.
Más allá del simbolismo del evento, lo ocurrido representa un llamado de atención para las autoridades universitarias, que deberán garantizar que este tipo de actividades se desarrollen en condiciones seguras, preservando su esencia sin poner en riesgo a estudiantes y ciudadanía.
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