La instrucción de vuelo se convirtió en una escena de horror absoluta el pasado 4 de julio en los cielos de Toledo, Argentina. Leandro Andrés Bertazzo, un instructor con amplia experiencia, tomó una decisión fatal a bordo de una aeronave Cessna 150: tras dar unas últimas palabras a su alumna de 22 años, se despojó de sus auriculares, se soltó el cinturón y se lanzó al vacío. El instructor murió instantáneamente tras el impacto contra el suelo.
Lo que siguió fue un acto de temple extraordinario. La joven estudiante, aunque visiblemente afectada por el estado de shock, tomó el control de la aeronave y logró realizar un aterrizaje impecable, saliendo ilesa de la situación. Desde la escuela de vuelo Flying Parrot Córdoba, donde trabajaba el fallecido, expresaron su absoluta consternación, señalando que Bertazzo no había mostrado señales previas de inestabilidad emocional. Mientras la justicia argentina profundiza en la investigación para entender qué detonó esta tragedia, el mundo de la aviación intenta comprender cómo un vuelo de rutina terminó en una historia de supervivencia milagrosa.
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